En defensa de la Navidad… (y sobre el amor y la familia)

Me acomodo en la cama, como tantas veces hago, y me dispongo a escribir. Quedan pocos días en Navidad, como diría el narrador de ‘Capital‘, y no puedo evitar sentir gusto y placer en mi interior por las fechas en las que nos encontramos.

Me encanta la Navidad, y aborrezco cuando alguien dice algo en contra de esta época del año: materialismo, falsedad, apariencias… se repiten tanto, que uno ya sabe qué y quién va a decir los mismos comentarios de todos los años.

Todos hemos tenido tiempo de comprar regalos... ¡¡pero siempre hay algo de última hora!!

Todos hemos tenido tiempo de comprar regalos… ¡¡pero siempre hay algo de última hora!!

¿Materialismo? ¿Por qué? ¿Por comprar regalos? ¿Por gastar dinero? Hay gente que dice que para demostrar el amor que sientes por tu familia, pareja, amigos… no tienes por qué esperarte a diciembre/enero para demostrárselo, ya que tienes todo el años para hacerlo. Ahora bien, yo pregunta… ¿acaso lo hacen? ¿Toda esa gente que critican los regalos de Navidad, hacen regalos a lo largo del año a las personas que más quieren? ¿Son regalos hechos con el corazón? ¿o son regalos para aparentar, para devolver el favor ya que anteriormente alguien les hizo un regalo inesperado?

Si queréis que salga lo mejor de vosotros, haced como este chico y ya veréis que bien.

Si queréis que salga lo mejor de vosotros, haced como este chico y ya veréis que bien.

¿Falsedad? ¿Acaso es falsedad juntarse la familia dos, tres, cinco o seis días en diciembre/enero para comer o cenar? Es decir, si te llevas mal con alguien, no le aguantas y no te agrada verle, nadie te obliga a “aparentar” nada. No tienes por qué ver a esa persona.
Habrá quienes digan que es por la sociedad, que es como viene establecido el mundo… ¿Quién te obliga a seguir al mundo? ¿Quién te obliga a hacer comilonas con tu familia?
En estos mismos momentos recuerdo a una compañera de trabajo a la que tengo mucho aprecio, que en su momento me comentó que por ser nochevieja no tenía por qué preparar en su casa una gran comida, por lo que hizo lo que más le apeteció aquella noche: una sopa de verduras.
Si a la gente le desagradan estas fechas, se quejan de las comilonas y las apariencias… ¡¡Que no hagan comilonas ni aparenten ser lo que no son!!

Hay gente que me dice que cómo es posible ver la Navidad de una forma bonita trabajando en un centro comercial, abriendo todos los festivos y atendiendo a todo tipo de personas y familias… ¡Y es que no puedo evitarlo!
¡Me gusta ser así!

¡¡A Naomi Watts le encanta!!

¡¡A Naomi Watts le encanta!!

Me gusta ver la Navidad de una forma mágica y espiritual. Siempre que se acercan estas fechas algo se enciende en mi mente y mi corazón. No se trata de los típicos propósitos de Año Nuevo (que a mi parecer el propósito y el cambio no hay que programarlo, hay que hacerlo), ni de una fe religiosa (aunque crea en Dios y no sea cristiano, católico, judío, u otro tipo de religión). Es un sentimiento de unión y maduración que no suelo sentir en otro momento del año.

A lo largo de la vida uno mismo se forja su propia visión del mundo, su simbología y sus propios rituales.
Supongo que debería sentirme afortunado por haber vivido unas buenas navidades desde que era pequeño. Guardo buenos recuerdos de los regalos de Navidad o Reyes (de cómo mis padres escondían los regalos en sitios que jamas llegaré a saber, y al día siguiente aparecían por arte de magia en el salón de casa) (aquí puntualizo que, por lo general, prefiero hacer regalos de Navidad y no de Reyes, pero todos son costumbres mentales mías…), caminar por la apretada calle de Preciados cogido de las manos de mis padres, hacerme una fotografía con Baltasar (mi Rey Mago preferido), decorar el árbol con mi madre o uno de mis hermanos, disfrutar a lo bestia de la Sega Saturn en las fiestas de Navidad gracias a que mis padres nos compraron el volante y varios juegos… (dejo un enlace a un video del Youtube para que escuchéis la banda sonora de Christmas Nights, un juego que Sega regaló unas navidades por la compra de uno de sus juegos 🙂 ).

Son muchos recuerdos a los que hay que sumar algunos más modernos, como disfrutar de la nochevieja en Fuenlabrada y la juerga que se monta con los fuegos artificiales y petardos, ver a mis sobrinos emocionarse al abrir los regalos, juntarnos todos los hermanos y ver cómo hemos crecido, cómo nos hemos convertido en “señores” con su propia vida, pero que en el fondo seguimos siendo eso, hermanos, niños pequeños, con ilusiones, con ganas de reír y jugar…

Y a todo esto hay que sumar los recuerdos negativos. No todo son alegrías. Hay recuerdos tristes que regresan a la mente todos los años. Las fechas se repiten, y el recuerdo de haber perdido a alguien en este mes aflora otra vez, emocionando al cuerpo y sintiendosu ausencia, a la vez que su presencia en el interior.

¡¡Feliz Navidad!!

¡¡Feliz Navidad!!

Así que sólo pido eso. Respetar la Navidad y a los que queremos vivirla. El inconsciente es muy traicionero, y puedo asegurar que el pensamiento positivo funciona (algunos lo practican sin darse cuenta). No hablo de libros New Age como El Secreto, pero cuando la mente empieza a seguir patrones de negatividad, de odio, de asco hacia el mundo que le rodea (que a veces nos sobran los motivos, pero no es el mejor camino), tiende a comportarse de esa manera, de una forma brusca, negativa y fiereza contra todo lo que le rodea.

Si no os gusta la Navidad, sois perfectamente libres de no celebrarla (de hecho, sería ridículo que alguien celebrase algo que no le gustase), pero si algo en vuestro interior pide a gritos salir y expresarse, hacedlo de forma alegre. Poned el árbol orgullosos, un Portal de Belén que sea la envidia del Facebook, o, por qué no, inventáos la Navidad. No hay nada escrito en esta vida, y sois libres de celebrar la Navidad como más os plazca, con vuestra propia simbología. En lugar de árboles hacer un arbol con botellas de cristal, o decorar un maniquí. Y en lugar de escuchar villancicos, mejor a Fabio McNamara, AC/DC ó Papa Topo.
Pero jamás hay que hacer lo que los demás digan.

Y ahora, un cambio de tema...

Y ahora, un cambio de tema…

Ahora, un pequeño apunte sobre el amor y la familia.
Los niños son felicidad, son amor. Son lo más grande del mundo. No tengo hijos, y no sé si los tendré algún día, pero no hay que ser padre para saberlo.
Hace poco unos amigos tuvieron un hijo, un niño guapísimo, y más que el bebé, lo que más me enterneció fue ver, tanto a él como ella, cómo se les caía la baba, como todo ese amor que llevaban dentro se lo daban a esa pequeña criatura de manera sincera y natural.

Por eso me sorprende cuando alguien hace mal a los niños; cuando alguien menosprecia a una niña por tan sólo ser eso, una niña, por no haber nacido varón (y viceversa); me sorprende y me apena mucho cuando hay parejas que pagas sus frustaciones con los más pequeños.

El continuo cariño hacia los hijos, sobre todo cuando son pequeños, seguramente favorezca MUCHO a su crecimiento.

El continuo cariño hacia los hijos, sobre todo cuando son pequeños, seguramente favorezca MUCHO a su crecimiento.

Eso es de sinvergüenzas, y otras cosas más fuertes que es mejor no escribir. Es una idea que flota en mi mente desde hace varios días, y me sigue sorprendiendo como en un lugar supuestamente civilizado como es España, existan personas que lanzan sus traumas psicológicos a los más pequeños. Les crean temor, les hacen daños… pero a ellos les da igual, porque el ego puede más que la compasión en su interior…

Los que acaban sufriendo son los más pequeños. No es rabia lo que tengo en mi interior, es dolor e impotencia por no poder evitar esa situación… pero claro, es tal la cantidad de niños que sufren en el mundo entero (hambre, desnutrición, malos tratos, violaciones, guerras, asesinato…), que uno llega a cuestionarse hasta dónde puede llegar la maldad del ser humano. Y cada vez que creo encontrar la respuesta, me asusto bastante.

Es mejor despedirse.
Desearos a todos una Feliz Navidad, y un Próspero Año 2013.
Y, para todos los que esperaban que con el 21 de diciembre llegaría el fin del mundo, sólo recordar que, para muchas personas el fin del mundo llega todos los días, incluso ahora mismo, que estás leyendo estas palabras.

¡¡Un saludo, un beso y un fuerte abrazo a tod@s!!

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