Los metales, Platón, Buda y yo

Buenas tardes.

Oro, Plata, Bronce. Son metales (o aleación de metales) con un significado que todos muy bien conocemos.
Las medallas olímpicas. Se les pone a los tres mejores atletas en una modalidad concreta. Pero, pese a que son los tres mejores, entre ellos hay uno que destaca. El oro. Todo el mundo recuerda al oro, o tal vez las miradas se centren más en él que en los otros dos atletas.
Se le pone en el lugar más alto, se le da el ramo de flores más grande.

Y entonces regreso al ordenador, al presente, al estar sentado sobre este sillón-cama en el que escribo las cosas que me vienen por la mente.
Recuerdo aquella vez que escribí la entrada titulada “Invisible“, que trataba sobre desaparecer de la vida de las personas, convertirse en alguien ‘invisible’. Tal vez le puse el título en honor a la obra de Paul Auster que me tiene enamorado y que lleva el mismo título. Tal vez lo hice porque muchas veces me viene a la mente la frase: “Y entonces, inevitablemente, llega el día en el que te vuelves invisible“.
¿Qué otra forma hay de expresarlo? ¿Cómo decir que de un día para otro ya no cuentas en la vida de los demás? ¿Y si todo esto es demasiado subjetivo?
En el fondo, todo en la vida es subjetivo

Mis pensamientos se dirigen a un autobús. Deben ser las diez y cuarto de la noche, y regreso a casa después de un día de trabajo. Generalmente, por no decir siempre, vuelvo en metro, pero es verano y están haciendo obras de mejora en la linea de metro que uso. Por eso tomo un autobús gratuito hasta mi barrio.
Tomo asiento y retomo la lectura del libro que estoy leyendo: “La República” de Platón. Mientras tengo este recuerdo en mente me es imposible recordar la totalidad del libro, pero hay una parte que ha quedado grabada en mi memoria: la distribución social del Estado.
Oro para los gobernantes.
Plata para los guardianes o militares.
Bronce para el resto de trabajadores, para los agricultores, ganaderos y artesanos.
Cada persona llevaba uno de esos tres metales en su alma, y nada importaba la educación que tuviera. Lo importante es que esa persona siguiera el comportamiento natural que se definía en su alma.

Y regreso al presente. Observo el mundo, la sociedad, mi familia y amigos.
Y comprendo que todos crecemos. No sólo yo me vuelvo inevitablemente invisible, sino que me acerco lentamente hacia el metal que me corresponde -metal que actualmente no sólo es oro, plata o bronce; son muchos más de los que hay en la tabla periódica.

Pienso en la gente que conozco, algunos más que otros. Con ciertas personas hablo todos los días, con otros cada semana, con bastantes habla de vez en cuando. Y en esos “silencios” todos crecemos, y cuando nos volvemos a ver somos personas completamente diferentes. Por mucho que tratemos de decir que somos “de esta forma” o “de esta otra manera”, todos cambiamos -a mi parecer está muy machacado el concepto de que todos evolucionamos, que somos diferentes personas con el paso del tiempo y que nuestro cuerpo cambia todas sus células cada cinco años, con lo cual nuestro cuerpo sería “diferente”, pero es importante recordarlo.

Y retomo en mi mente conversaciones, y gente, con la que antes se podía hablar de todo, ahora sólo sabe hablar de política, otros de trabajo, otros de dinero, otros de la familia, otros de religión.
Y no sé si son ellos, o soy yo. Desearía volver a hablar de los temas que hace tiempo hablábamos, porque yo no entiendo de política, no entiendo de la crisis, no entiendo de la economía.
Y algunos piensan que paso del tema, y comprendo que es que, del mismo modo que ellos han encontrado su metal, yo estoy más cerca de encontrar el mío. Un metal único, particular. Para nada un metal noble, pero mi metal a fin de cuentas.

Y aterrizo en la Tierra, en el salón de mi casa. Abandonando parcialmente los pensamientos.
Parcialente” porque me gustaría meditar como un monje budista -y si puedo elegir, budista tibetano, más místico y complicado que el resto de budismos-, porque en la meditación se tiene que dejar flotar los pensamientos, verlos venir y dejarlos irse, sin darles mayor importancia.

Pero no. Envejezco y los pensamientos permanecen, su esencia se afianza en mis recuerdos, y regresan cuando menos me lo espero.
En mis pensamientos, en mis sueños, en mi realidad.

Poco a poco me acerco hacia mi esencia.
Un abrazo, Igor

Anuncios

2 Respuestas a “Los metales, Platón, Buda y yo

  1. Me pregunto ¿qué es ese todo del que se podía hablar?: ¿Pocoyo?, ¿Fútbol?, ¿Las rebajas?, ¿Mi nuevo kindle?. Pues plántate y di de qué quieres hablar. Quiero hablar de….
    (me identifico con los monotemáticos 😦 🙂 :D)

    Me gusta

  2. Pingback: Y el 2012 se marchó… | Desde Azul Escorpio·

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s