Invisible

Cierto día te despiertas, y todo sigue igual, nada ha cambiado… pero lo presientes. Sabes que algo nuevo va a suceder, que el día te ofrecerá nuevas oportunidades. Un tonto optimismo se adueña de tus pensamientos mientras te preparas una taza de café. “Bien cargadito”, para empezar bien la mañana, para estar lo suficientemente despierto para disfrutar le día, pero te cuesta despertar, y esto sucede por que justo el día anterior estuviste llorando hasta altas horas de la madrugada.

Lo cierto es que miento al decir que estuviste llorando, más bien fue sollozando, con la mano en la cabeza, mirando a la pared en la oscuridad mientras no dejabas de dar vueltas sobre la cama. ¿Por qué te preguntas esas cosas justo antes de ir a dormir? No lo sabes, te gustaría que fueran las cinco de la tarde para usar toda esa actividad cerebral en algo más productivo… pero ahí sigues, mal gastando el poco tiempo que tienes antes de dormir en tontos pensamientos que crees que solucionarán el mundo.

Y con el tonto pensamiento de creer que vas lleno de fuerza frente al mundo sales a la calle, pero no sales a la libertad, no sales al libre albedrío… ¡no! Te encuentras con lo de todos los días, con la diabólica rutina que te tiene encadenado. Y no sólo hablamos de la rutina de acciones (esto es, de casa al trabajo y de trabajo a casa), si no a la rutina de los pensamientos. Actúas de diferente forma dependiendo de quién esté delante. Eres miles de hombres en uno solo, nunca eres el mismo. Y eso está mal, lo sabes. Pero no puedes evitarlo.

Mintiendo a los demás te mientes a ti mismo, pero sigues fingiendo tenerlo todo controlado, y dejas navegar a tus pensamientos del mismo modo que tus pies caminan de forma automática por las calles de Madrid. Y lamentablemente, esa libertad y optimismo que tenías a primeras horas de la mañana desaparece a lo largo del día.

E inevitablemente, del mismo modo que a lo largo del día desaparece la energía, algo muere dentro de ti, en tu entorno. Inevitablemente, llega ese fatídico día en el que te vuelves invisible para alguien. Esa persona anónima que te necesitaba desaparece. Ese ser que necesitaba oírte o verte deja de existir. Te vuelves invisible, desapareces de sus conversaciones, ya no eres importante…

¿Y por qué sucede esto? Por tu egoísmo.

Lo sabes bien.

Un fuerte abrazo, Igor.

Anuncios

Una respuesta a “Invisible

  1. A lo mejor no es que desapareciera el anónimo, sino que el anónimo entendió que, si no eres como eres, sino una forma de ser, esa persona que él necesitaba dejó de existir. ¡Fuiste tú quien dejó de existir!…
    Pero el mundo está lleno de anónimos y no anónimos que te necesitarán como realmente eres.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s