Manteniendo el movimiento humano

No sabemos nada y creemos saberlo todo. Consideramos a los antiguos como faltos de ideas, gente anticuada que jamás nos será de ayuda. Creemos que por ser jóvenes podemos tomarnos el lujo de quemar las librerías y decir qué cosas son “in”, qué cosas son “out”. Pero todo ello está muy alejado del verdadero movimiento humano. Si queremos comprender lo que nos rodea, con todo el sufrimiento que ello conlleva, tenemos que aceptar la vida tal y como es, no creernos dueños del mundo, ni de los demás (sean o no sean nuestra propia familia). Tu futuro lo decides tú. El futuro humano saldrá como resultante de todo lo que llevamos dentro.

Antes de usar las palabras, aprendamos qué significan éstas. Me viene a la mente uno de mis temas favoritos: DIOS. Es una palabra usada muy a la ligera, reída por unos, temida por otros. Hay gente que ve inútil la existencia de un Dios, un ente que todo lo puede, con una conciencia propia que es más antiguo que el propio universo. Y sin embargo, existen otras personas (muchas) que lo necesitan para dar un sentido a su vida, para sentir fuerzas cuando se caen al suelo, para ver milagros donde otros ven logros médicos, casualidad o coincidencias. Hay gente que necesita a Dios para sonreír. ¿Qué problema hay en ello?

Pues en realidad ninguno. Lo que sucede es que muchos de los que estén leyendo esto, al leer la palabra Dios, llegarán a su mente imágenes de curas, monjas, iglesias… estampas del Vaticano, de Benedicto XVI, incluso del Cardenal Rouco Varela… y por qué no, la gente pensará en ciertos partidos políticos (para mal o para bien), en guerras inconclusas que sucedieron mucho antes de que ellos nacieran. Incluso a mi me vienen a la mente cosas atroces que se han hecho en nombre de Dios…

Hay gente que dice ser muy creyente que habla en nombre de Dios, pero lo único que hacen es blasfemar. Y misteriosamente, la gente que no es creyente se ofende cuando oyen a alguien decir: “Dios dice esto en este libro que se escribió en tal fecha antes de Cristo”, y entonces tiemblan los corazones, rugen las emociones y al gente se enfada, y sale a la calle diciendo bellezas como: “La única Iglesia que ilumina es la que arde”. ¡Será idiota el ser humano!

¿Y qué es lo que pasa? Pasa que tomamos las palabras muy a la ligera. Pensamos en Dios como un ente católico, apostólico, romano y cristiano (lo que más nos conviene, para resumir), cuando olvidamos que el mundo de los dioses es amplio, y que religiones como el Islam, el Judaísmo, el Evangelismo, el Hinduismo, e incluso el Budismo, está repleto de referencias a Dios… Y yendo más lejos, hay gente que se acerca más al movimiento New Age (en el que también hablan de Dios) porque sientes que les llena más que otras creencias…

Y para asustar más a los ateos ofendidos, deberían pensar que hay gente que, aunque de cara a la sociedad vayan de modernos y cultos, diciendo que no creen en eso llamado “dios”, rezan por la noche a vete a saber qué, pidiendo auxilio para liberarse del peso que lleven encima en ese momento, pidiendo suerte para la decisión que vayan a tomar… existen científicos que creen en Dios. De hecho, el haberse acercado a la ciencia fue motivado por su creencia. La búsqueda de la verdad no tiene nada que ver con creer o no creer.

En el fondo, es como si de vez en cuando (me incluyo) soltáramos nuestro enfado con el mundo, con nosotros mismos y nuestros seres queridos, con algo que sabemos que no nos va a decir nada. ¿Qué sentido tiene reírse de Dios y de los que creen? ¿Acaso va a venir alguien, un ángel, a echarme la bronca? ¿Acaso el mismísimo Dios se me va a aparecer en sueños de decirme algo?…….. pues obviamente no. Pero, ¿es necesario criticar sin ningún sentido, y sin venir a cuento, a la gente que cree en Dios? ¿es necesario hacerlo en orden inverso?

Por que ahora me he puesto en defensa de los que creen en Dios, pero no olvidemos que todo tiene dos caras. Existe gente creyente (mucha) que critica el ateísmo, la gente que asegura no creer en en nada, solo en ellos mismo, en la ciencia y en la filosofía de vida que ellos libremente eligen. Algunos les llaman “infieles” y deciden asesinarles, lapidarlos, hacerles sufrir lo inexplicable. Otras personas no creyentes son víctimas de risas a escondidas, del mismo modo que les suceden a algunas personas homosexuales, gente vegetariana (hay gente que se ríe y menosprecia a los vegetarianos), defensores de los animales, hippyes…

Así que en conclusión, lo único que veo es que en todos los ámbitos están los que lo sabemos todo, y los que no sabemos nada, y todos actuamos como ángeles o demonios dependiendo de la situación. Nos creemos en posesión de la verdad y del mejor modo de vida. Y pocas veces dejamos hablar a nuestro interior. ¿Y cómo saber si dejamos hablar a nuestro interior correctamente? Personalmente, creo que lo mejor es actuar sin sentir maldad, sin sonreír maliciosamente, respetando una serie de valores (que recomendablemente deberían ser acordes con los derechos humanos fundamentales), y sobre todo, actuando con confianza y siendo feliz.

Y todo esto, sabiendo que como seres humanos la vida es como encender y apagar una televisión. Estamos viendo imágenes a todo color, con sonidos sorprendentes, y de repente alguien, siempre llamado “Muerte”, tira del cable de corriente y la televisión se apaga. La imagen se va y todo termina. Así es nuestra vida. Sin previo aviso todo termina. En la mano izquierda tenemos el alma, en la mano derecha tenemos la materia. Al dar una palma escuchamos un sonido, la palmada. Lo que dura ese sonido, es lo que dura nuestra vida.

“La vida sólo existe en la Tierra, y por poco tiempo”, Justine (Kirsten Dunst) en Melancholia, de Lars Von Trier.

Un gran saludo, y buenas noches.

Igor Hernández Pérez

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Una respuesta a “Manteniendo el movimiento humano

  1. Sin tener yo ni idea de lo que es Dios o dios; me parece (en mi seguramente absurda opinión) muy sabia la forma de tratar esto. Puede ser que ésos, que teoricamente usan a la ligera la palabra “dios”, simplemente caen en el costumbrismo y en expresiones tan populares tanto para creyentes como para los que no lo son, que quizás, ni siquiera Dios se enfadase.

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