Amor

Es fácil enamorarse, sobre todo de ciertas personas. Hay algunas que desprenden un fuerte magnetismo social. Ciertos individuos nos atraerán por su físico, por el cuerpo, por la parte ‘material’ de su persona. Su fuerza, su agilidad y destreza física destacarán siempre que les observemos. Ya dará igual que les veamos pintando, estudiando, fornicando o dando un abrazo a su madre. Nuestros ojos revisarán cada centímetro de su piel, su contorno físico.

Lo mismo sucederá cuando la persona que nos atraiga muestre su amor al mundo, su familia, sus aficiones, a su verdadera pareja. La pasión y devoción con que algunas personas hablan, caminan, se expresan y relacionan es, en muchas ocasiones, envidiable. En otras ocasiones despierta nuestra obsesión. Desearemos ser amados por él (o ella), desearemos ser el centro de sus miradas, el único oído para sus palabras.

Pondremos murallas a su amor, canalizaremos lo que sólo Dios puede canalizar. El amor no es tuyo ni mio. No es de los buenos ni de los malos. Ni siquiera es único de Cristo, de los budistas o convencidos ateos (y tampoco de la aclamada New Age). 

Nadie puede decir qué es digno de ser amado. El AMOR es, y ya está. Al igual que Dios, el mundo, tu y yo. Todos somos, y ya. El amor circulará siempre, lo queramos o no.

El amor libre es puro, juega y salta entre las personas sin preocuparse dónde pone sus pisadas. Sin embargo, el amor corrupto, ese al que le han sido arrebatadas las alas de la libertad, actúa como un ciego, ignorante del mundo que le rodea, dando golpes con el bastón de nuestro interés, caminando una senda tan podrida como nuestros corazones. El amor corrupto no ama, si no que ata y esclaviza. El amor corrupto no sana, si no que enferma.

¿Y qué sucede cuando el objeto de nuestros pensamientos es alguien que, casualmente, tiene un bello intelecto? Los maestros son necesarios. Todos podemos llegar a ser Cristo, pero no somos capaces de ello sin un maestro. Algunos dirán que cuál fue el maestro de Jesús o Buda, y yo les diré:

“¿Qué carajo os importa?”

El hábito no hace al monje, así como la palabra ‘maestro’ no hace al maestro.No podemos seguir las palabras de una única persona, por muy inteligente y admirable que sea. Hay que estar abierto a recibir enseñanzas de cuaquier parte. Tal vez la pieza que te falta por aprender esté inmersa en las palabras de El Corán. Puede que tu querido maestro sea incapaz de enseñarte cuál es el verdadero amor de madre. Ellos están ahí para darte el empujón. Una vez hemos dado el paso (o salto), ellos ya quedarán atrás. Habrá que continuar caminando sin ellos. Hay que asimiar sus palabras, no engancharnos al cuerpo que las pronunció. Se pudre del mismo modo que muere la mariposa que no sale del capullo. Lo único que conseguirás será que las palabras no crezcan en tu interior y entorno, de la misma forma que algunas semillas se quedan eternamente enterradas bajo la  tierra y abono.

Y finalmente viene el sexo… ¡Que divertido! Hemos encontrado al perfecto amante lascivo, ese que nos sucumbe en el mundo del placer, oscuro como una entraña podrida, solamente iluminado por un semen de fuego, que todo lo que toca se quema. La pasión creativa de esa persona se muestra en cada postura que hace sobre la cama. Cree que es algo nuevo, pero ya está hecho. No se deja llevar.

Anteriormente ha usado su intelecto para estudiar las mejores corrientes placenteras de la música sexual, los mejores trazos sensuales de la edad contemporánea. Cree que recopilando la sabiduria sexual-creativa de la humanidad, su alma gozará como nunca. La suya, y la de su amante…

Pero nada más lejos de la realidad. La sexualidad, unida a la creación de nuevo conceptos y mundos, ha de abrirse a Dios, antes de abrirse al ser humano. No hablo de la falsa moral religiosa que inunda muchas mentes humanas, que se avergüenzan de haber imaginado tal cosa, o que se arrepientne de haber hecho aquella otra cosa.

Del mismo modo que rezamos para pedir ayuda, que respiramos tres veces cuando empezamos una relajación. Del mismo modo que solicitamos la presencia de los ángeles cuando caminamos, dormimos o estudimaos, del mismo modo tenemos que pedir asistencia angelical cuando vayamos a practicar sexo, porque, dejando fluír la luz de Dios a través de nosotros, y facilitando que fluya también a través de nuestro amante, las almas (y no los cuerpos) serán los que buscarán la satisfacción sexual.

El placer se sentirá en los cuerpos, de eso no hay duda, pero el gozo se sentirá con el corazón. Fluyendo la luz de Dios a la hora de la relación sexual, dará igual que seas hombre o mujer, que juguéis a ser amo y exclavo, que investiguéis rincones oscuros de vuestro cuerpo, que susurréis (o gritéis) palabras prohibidas…

Tal vez algunos piensen que es blasfemo decir que Dios y los ángeles están presentes durante las relación sexual, pero… ¿a donde se iban a ir?

Así como el sexo, tenemos pinceles para pintar un cuadro, donde el pincel será el “pene” de la creación, el óleo (o acrílico, según gustos), será el semen que irá a parar sobre el óvulo, un gran lienzo. Las teclas del piano emiten invisibles notas que se depositan en nuestros oídos, el cine envía múltiples sensaciones a nuestro cuerpo. El mundo es sexual, masculino y femenino aparecen de continuo.

Pese a que en ciertas ocasiones el ser humano defienda una sexualidad libre, y se ofenda al oír que el ser humano, así como el mundo entero, se unen masculino y femenino de forma natural, no por ello a homosexualidad deja de tener sentido. Todos conocemos parejas heterosexuales, y en ellas, lo masculino de él se une a lo femenino de ella, y lo femenino de él se une a lo masculino de ella. Esa es la situación ideal, pero para que ello suceda, tanto él como ella han de haber aceptado sus lados masculino y femenino completamente. Y esto será igual para las parejas en las que dos hombres o dos mujeres se amen. Para poder dar y recibir amor de cualquier tipo (en este caso sexual), deben haber aceptado sus lados masculino y femenino.

No se puede crear un arte puro femenino y homosexual, por que cojea, se pudre y no sana. No existe el buen cine homosexual, no existe el arte sexista que sane de verdad. Mientras que por un lado crece, por el otro muere.

El mundo no es como nosotros queremos, si no como es. Por mucho que se crea tener la verdad absoluta, jamás será así. Dios no creó las banderas ni los conceptos. Para aquellos a los que les duele la palabra ‘Dios’, puedo decir que en el Big Bang y el posterior y extenso desarrollo del Universo, y tras siglos y siglos de evolución de todas las formas de vida posible… en ningún momento surgió de forma natural una bandera que quisiera decir ‘Alemania’, ni surgió espontáneamente una etiqueta que pusiera ‘gay’, ni nació de un huevo la religión del cristianismo. Todo eso lo pusimos nosotros, los seres humanos. La verdad está muy lejos de las palabras, y las palabras son sólo eso, palabras. El amor puro de Dios viaja a través de la pasión, de nuestro cuerpo, nuestra sexualidad, creatividad e intelecto. Para poder amar de verdad hemos de amarnos a nosotros mismos, y para amarnos a nosotros mismos, hemos de amar de forma pura a la Verdad, a Dios, a las Leyes Naturales, a los Derechos Humanos, a la Energía Unificadora, al Universo, a la Luz.

Solo entonces sentiremos el Amor de verdad.

Un saludo, Igor

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