Pictadura 9

La casa de El Mago era bastante curiosa. Cuando la góndola había llegado al minúsculo puerto que allí se encontraba, subieron por una pequeña escalinata de color blanco. Lo que desde lejos era un castillo flotando sobre el agua, una vez dentro resultó ser una obra surrealista. Todo era de color blanco, azul, azul marino, azul cielo, celeste… era difícil acertar el color, cambiaba cada dos por tres.

Así como la situación de las paredes, las columnas, todo lo que allí se encontraba. Claudia llegó a pensar que aquel inmenso edificio se trataba de un ser vivo. Los techos se contraían y extendían como si estuviese respirando, los cuadros que se encontraban colgados parecían observarla.

Ella se limitaba a seguir los pasos del joven piloto a través de las inmensas estancias. Sin embargo, no pudo calmar su curiosidad y se detuvo. Se giró para contemplar de cerca uno de los cuadros. Para su sorpresa, el cuadro tenía vida. Mostraba el pequeño paisaje de un bosque en otoño. Las hojas de los árboles caían con suma naturalidad, y a lo lejos, entre los troncos de los árboles, creyó ver a una pequeña niña corriendo detrás de un perro.

– ¿Cómo es posible? El cuadro tiene vida -dijo Claudia al joven piloto mientras señalaba el cuadro.

– Así es. Todas las creaciones de El Mago están llenas de vida. Aunque te cueste creerlo, todo lo que aquí ves es orgánico -explicó el chico.

– Me cuesta aceptarlo. Es algo verdaderamente increíble.

– ¿Y has podido aceptar todo lo que te ha sucedido hasta ahora? Claudia -dijo el chico soltando una pequeña risa-, has aparecido en mitad del desierto, te he rescatado y con un avión te he llevado a España en cuestión de minutos. Una vez en el Madrid etérico has cruzado un mar en góndola hasta llegar a este sitio. ¿Acaso era este el mundo tal y como lo recuerdas?

– A decir verdad, no…

– Y aún hay más -siguió el chico como si no la hubiera oído. Su voz empezó a resonar a lo ancho y alto de las estancias, todas desiertas, sin guardias ni personas-. En este sitio todo lo increíble puede pasar, pero sólo para recordarnos una cosa. Que tú o yo estemos vivos en este momento es igual de increíble que ese cuadro de ahí tenga vida propia. Que las paredes de esta habitación se estrechen y ensanchen no debería sorprenderte tanto como que puedas ver, oír o hablar.

– Pero no te entiendo -le interrumpió Claudia-. Todas esas cosas de las que hablas son perfectamente corrientes. No hay nada de especial en poder ver, oír o hablar, como tú dices. Lo verdaderamente especial es este lugar, tú, ¡todo!

– Aún te queda mucho por aprender -dijo él tomándola del brazo-. Ven, prosigamos el camino.

Siguieron caminando por las diferentes estancias. Como ya habíamos dicho, todas se encontraban desiertas. Los que Claudia había visto al llegar al castillo (o palacio) era solamente la fachada frontal. Por nada del mundo se había imaginado que pudiese tener tanta profundidad, pero en el Madrid etérico, al parecer, todo era posible.

[Continuará]

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Una respuesta a “Pictadura 9

  1. Curiosa mezcla entre un relato que se prevee con toques de fantasía y magia y la narración tipo “voz en off” mucho más real y terrenal a tiempo presente.
    Intrigada me hallo. Seguiré esperando nuevas entregas 😀

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