Errores de cálculo

Hay ocasiones y situaciones en las que personas como tú y yo nos equivocamos. Poco importa que dijéramos “nunca lo volveré a hacer” o “lo prometo, amor mío”. El error surge en nuestras vidas, y con él vienen los sueños. Sueños por que todo cambie, porque un día nos despertemos y nada de aquello haya sucedido, a que nadie lo recuerde, a que desaparezca de la mente de las personas. Cuando cometemos un error nos sentimos atados a ese sentimiento de pecado, tanto que llegamos a olvidar nuestra propia vida y centramos nuestras acciones y pensamientos en torno a ese hecho. Nos comportamos como si nunca nadie se hubiese equivocado en su vida.


La tentacion. ¡Maldita tentación! ¿Por qué estas ahí? A veces pienso que existe un plan metafísico, fuera del alcance humano, mediante el cual se pretende hacer nuestra vida imposible, pero rápidamente recuerdo en qué mundo nos encontramos, en el origen del mal, en el origen de las cosas. Recuerdo que tanto el bien como el mal surgen de nuestra mentalidad, nuestra persona (que no es lo mismo que el bien y el mal son sólo puntos de vista sobre una misma realidad, ya que el bien universal es ‘bien’ aquí y en cualquier otra parte).
La cuestión es que el pecado y el arrepentimiento no son términos introducidos por una mentalidad cristiana como muchos quieren decir, en un claro objetivo por echar las culpas a los demás, de hacerse las víctimas y acusar a una organización como la Iglesia de todos los males que existen en el mundo. Claro está que buena parte de la educación recibida por nuestros abuelos (y por consiguiente por nuestros padres, y por consiguiente por nosotros mismos), está basada en unos valores cristianos que están fuertemente arraigados en nuestra sociedad, ya sea para mal o para bien. Esto es, si es para bien será gente que muestre una devoción o simpatía hacia las creencias religiosas como el cristianismo o el catolicismo, sea de la clase que sea. Si es para mal, lo que tendremos es a alguien muy, pero que muy cabreado con la sociedad en la que vive, ya que, aunque las religiones oficiales pierden poder en una sociedad occidental como la nuestra, en oriente medio siguen estando muy presentes. Además, el despertar espiritual que ha vivido el planeta en este cambio de siglo ha sido tremendo, por no decir gigantesco, con la aparición de muchas vertientes dentro de la llamada Nueva Era, así como mezcla de religiones, adaptando textos sagrados a propios intereses, ya sea con el fin de ayudar a los demás o sacarse bastante dinero en un mundo tan material y consumista como en el que nos encontramos.


Pero no nos desviemos del tema. El pecado, el arrepentimiento. El llevar una falta a cuestas, una falta que la mayoría de las veces hemos creado y atado nosotros mismos a nuestra persona. En la mayoría de los casos sólo haría falta decir un “lo siento” o realizar el acto de confesión, ya sea con un cura o con una persona que nos inspire una confianza casi maternal (si pudiera ser nuestra propia madre mejor). Pero los humanos somos necios por naturaleza, nacemos con una venda en los ojos y nuestro verdadero objetivo es quitarnos la venda. ¿El plazo para hacerlo? La muerte.
A fin de cuentas, nuestra vida sólo es un camino hacia la muerte.
Nada más.

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