Pictadura 6

– Tardé en localizarte pero por fin te encontré. Jamás creí que esto fuera a suceder -explicaba el joven piloto a Claudia, que por fin ya se había relajado. Lo cierto es que lo que más miedo le daba de los aviones era despegar, separarse del suelo.

– Pero no entiendo una cosa. ¿Qué es todo esto? -preguntó Claudia palpando el asiento sobre el que se encontraba. Claramente no había hecho caso a las palabras de él.

– Es difícil de explicar -dijo él resignado-. Has de comprender que tú eres un proyecto, un ser creado con un objetivo. En realidad todos tenemos un objetivo en esta vida, pero al final siempre somos libres de modificarlo y buscar lo que de verdad nos hace felices.

– Pero a fin de cuentas todos somos libres, ¿no es así?

– Claudia, eres una chica muy extraña. Dices no comprender lo que te rodea, pero a la vez eres capaz de hablar de libertad, de sentimientos humanos. Y lo haces de una forma que sólo alguien que haya vivido mucho, tanto desgracias como alegrías.

– Lo que sucede es que me niego a creer que yo tenga un objetivo definido en esta vida -dijo ella molesta mientras se recostaba en su asiento, ya que unas pocas turbulencias empezaban a mover el avión.

– Pues lo creas o no, todos lo tenemos. Como ya te he dicho, existe la opción de cambiarlo. Yo, sinceramente, no lo he hecho, porque siento que mi objetivo aún no ha sido definido del todo y tengo completa libertad para hacerlo.

– Pero tal vez esa libertad que mencionas es ficticia. Puede que tu objetivo te sea desconocido y algún ‘dios’ que te haya creado sí que lo sepa.

– Eso seria así primero si hubiera efectivamente un ‘dios’ creador, pero como eso no cabe en mi cabeza, esa realidad no es apta para mi.

– ¿No crees que estamos hablando de una forma bastante extraña?

– Tal vez, pero aquí nadie puede oírnos. Solo estamos tú y yo.

– No sé por qué, pero me siento un poco observada -Claudia se giró sobre su asiento y echó un vistazo al pasillo que quedaba detrás de ellos: dos hileras de asientos vacíos se presentaban a sus espaldas.

– No te preocupes. Al principio yo pensaba lo mismo, que alguien me estaba observando. Pero luego comprendes que todo es imaginación tuya.

– ¿Por qué viniste a por mi? -dijo de repente Claudia. Estaba deseando formular esa pregunta pero había llegado el momento en el que se había atrevido a hacerla.

– ¿Quieres saberlo? -Claudia asintió-. Está bien. Como tú hay millones de personas en el mundo, seres que creen tener libertad total sobre sus vidas pero que viven completamente engañados. Generalmente todos se pierden en una vida de fantasia y sufrimiento, a merced de un ser que nos es desconocido. Por suerte a ti te encontramos antes de que fueras capturada por ‘él’.

– ¿’Él’? ¿A quién te refieres?

– A un descerebrado, un egoísta, algo así como un demonio. Una persona malvada que hace atrocidades con los seres que le rodean. Vive aislado en su casa, inválido, medio ciego. Tienes suerte de que te encontrásemos.

– Eso es un poco ridículo. ¿Cómo me iba a capturar una persona ciega e inválida que vive recluída en su casa? Y además, ¿dónde se supone que vive?

– No puede llegar a imaginar el poder mental que tiene ese chico. Y como respuesta a tu segunda pregunta, sólo sé que vive en Madrid, capital de España. Nada más.

– Eso queda bastante lejos -observó Claudia.

– ¿Y eso como lo sabes tú? -dijo el joven extrañado.

– Estamos en mitad del desierto, y yo que sepa el desierto más cercano a España es el desierto del Sahara, ¿no es así?

– En fin… está visto que su poder va más allá de lo que imaginábamos… -dijo él resignado-. Trata de no pensar mucho y de disfrutar del viaje. No queda tanto como tú crees para que lleguemos a nuestro destino. ¿Algo de beber?

– ¿Cómo que no piense? ¿Acaso crees que me va a ser fácil? Sólo deseo conocer la verdad.

– Tú y millones de personas más en este mundo. Si no puedes disfrutar del viaje por lo menos relájate. Procura desechar los pensamientos incoherentes de tu mente.

– ¿Y cómo hago eso? -dijo Claudia.

– Fácil. Actúa con lógica. Si de verdad eres una chica que acaba de aparecer en un edificio blanco en mitad del desierto, no tendría lógica que supieras qué es España, ni siquiera dónde está situada.

– Así es.

– Pues eso mismo. Que actúas y piensas con poca lógica. Procura no hacerlo. Y ahora, ¿qué quieres de beber?

– Agua, por favor -dijo Laura recostándose en el asiento. Cerró los ojos, creyendo que así lograría alejar los pensamientos supuestamente ilógicos, pero que extrañamente le mostraban un mundo que ella creía conocer.

[Continuará]

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s