Pictadura 2

Claudia mira a su alrededor, tapándose el sexo y los pechos, pero extrañada. No sabía de quién se escondía. Tan sólo podía escuchar su voz. ¿Acaso sería Dios? La risa de aquella voz le provocó miedo, le devolvió a la realidad. Tal vez se creía inmersa en un cuento de hadas, pero no. La realidad de Claudia no es esa. Ella se encuentra ahí, en ese espacio indefinido blanco completamente desnuda, siendo observada por nosotros (yo y tú), y huyendo de la supuesta mirada lasciva de un tercer personaje (él).

– No has de tener miedo. Yo no estoy aquí para provocarte miedo, si no para todo lo contrario. Ahora sólo te voy a pedir una cosa. Date la vuelta y vístete con las ropas que te ofrecemos.

Claudia obedece y se sorprende al ver una pequeña bolsa a sus pies. Aunque ella se dice mentalmente que esa bolsa jamás estuvo ahí duda de sus propios pensamientos. Tal vez la novedad de la situación en la que se encuentra le haya hecho no percibir lo que tenía a sus pies, del mismo modo que nosotros no hemos visto el cuerpo de Claudia hasta pasados unos segundos.

Ella se viste rápidamente con lo que hay en el interior de la bolsa. Ropa interior, pantalones y camiseta ajustada, todo ello de color blanco, como las supuestas paredes, como el supuesto suelo.

– Ahora que ya estás vestida, dinos, ¿cómo te sientes? – dice la voz, aunque Claudia piensa que no es la misma voz que antes. Tal vez el hecho que le hable en plural llegue a confundirla.

– ¿Que cómo me siento? ¿En qué sentido?

– Antes de pensar en cómo te sienta la ropa -le interrumpe la voz- deberías dejar de pensar en cuántas personas somos las que te hablamos desde el otro lado. Hazlo sólo durante un par de segundos. Respira y piensa en cómo te sienta la ropa.

– Pues… -Claudia obedece, incluso cierra los ojos para centrar su atención en el sentido del tacto- es cómoda. Sí, es una ropa bastante cómoda.

– ¿Lo dices en serio o sólo porque no sabes dónde estás?

– No, no. Lo digo en serio -dice Claudia mirando hacia arriba, creyendo que allí se encuentran las personas con las que está hablando.

– Bien, nos agradan tus palabras. Ahora te vamos a pedir un segundo favor.

– ¿Pero de qué va todo esto? ¿Voy a saberlo en algún momento? -pregunta Claudia.

– Todo a su debido tiempo. Ahora, lentamente, date media vuelta y explícanos a qué se debe todo eso.

– Cómo que a qué se debe… -dice Claudia mientras se gira- ¡Dios mio!

Sangre. Sobre el “ya no tan supuesto” suelo blanco, miles de manchas de sangre. ¿De dónde salieron? Claudia no sabe, nosotros tampoco. La voz masculina seguramente tampoco, por eso lo pregunta. ¿Qué hace ahí toda esa sangre? ¿Y qué es ese ruido? ¿No es el motor de un avión?

Al fondo de la estancia se distingue una forma. Claudia deberá pasar por encima de las pequeñas manchas de sangre para llegar hasta allí…

La puerta al fondo de la sala.

[Continuará]

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