En las estanterías, cadáveres vivos

Buenas noches y bienvenidos a la nave de lo oscuro 😛

Estaba pensando sobre las ideas, no como la idea que viene a la mente para solucionar un problema, si no más bien las del mundo de las ideas platónico, allí dónde todas se saben y que en nuestro día a día vamos recordando. Y sin querer, mi mente, loca donde las haya, ha enlazado a Virginia Woolf con Platón, pese a ciertas declaraciones machistas que hicieron los griegos en su época (y que a Woolf, o bien habría puesto de los nervios, o bien habría incluido en su ensayo “Un cuarto propio”). ¿Y por qué le ha enlazado? Al principio no lo supe a ciencia cierta, pero de repente me vino a la mente una parte del ensayo citado anteriormente.

Cuando Virginia se dispone a analizar el progreso que ha sufrido la novela escrita por mujeres a lo largo de la historia, en cierto momento llega a ver grandes obras clásicas frente a otras más modernas y de menor estilo literario que se centran en temas más banales que otras obras de más renombre. Pero a la conclusión a la que llega la amiga es que no se podía considerar a las autoras modernas como algo aparte, algo “nuevo”. Había que considerarlas como ‘herederas’ de las autoras anteriores y que poco a poco habían escrito grandes obras mientras cuidaban de sus hijos, fregaban el suelo o trataban de ser buenas esposas/señoras/señoritas, todo ello sin poseer un cuarto propio ( de ahí el nombre del ensayo).

Entonces, observando la estantería dónde tengo situado el cuarto propio de Woolf he podido observar a diferentes autores, tales como Allan Poe, Philip K. Dick, George Orwell, V.S. Naipaul, Paul Auster, Shakespeare, Borges, Terry Pratchett, Lafcadio Hearn, Orson Scott Card, Kundera, Lovecraft… y claro, con tanta mezcla es obvia la variedad de estilos. Ambientaciones históricas, contemporáneas o futuristas, relatos de intriga, amor, deseo o denuncia social, personajes masculinos, femeninos… es decir, un sin fin de historias vistas desde un sin fin de mentes, ojos, dedos, cuerpos, personas, almas, seres humanos… Y aplicando la regla que se presenta en el libro de Woolf, si una persona se nutre de las “enseñanzas” de esos maestros (si lee sus libros), será algo así como la sucesión de dichos escritores, porque inconscientemente su mente habrá guardado algo necesario para poder crear el paso siguiente de la gran obra literaria de la humanidad.

Así como ejemplo mencionaré El juego de Ender, de Scott Card. No voy a hacer un spoiler ni nada por el estilo, tan sólo diré que, ya sea bien por lo que él haya vivido, por las ideas que le hayan inculcado sus padres, por la sociedad en la que se haya criado… su obra, además de entretener, da un mensaje que hace pensar, que nos sirve un tema sobre el que pasar un buen rato pensando en la cama antes de dormir.

Pero claro, hay otras personas más directas a la hora de hablar de los problemas de la sociedad y sus posibles soluciones, aunque a veces dichas soluciones haya que buscarlas entre los espacios en blanco de los infinitos renglones del libro. Aquí podemos encontrar La Ignorancia de Milan Kundera, o Media Vida de V.S. Naipaul, obras que una vez terminadas me han hecho pensar bastantes sobre los temas que plantean.

Así a modo de final, trataré de hilar todo lo presentado. Todas las personas deseamos la felicidad, la verdad, la justicia, el bienestar… aunque existan personas que al parecer no deseen lo mismo. A lo largo de la historia de la humanidad han existido baches en  la búsqueda de dicha felicidad, quemando o matando a sabios/genios, restringiendo la enseñanza, la cultura (cosa que pasa hoy en día en diferentes partes del mundo, dónde la enseñanza  no es libre y pasa por mil filtros que la moldean a merced del gobierno). Si no hubieran existido esos y otros más baches, seguramente nos encontraríamos en una época esplendorosa donde todo sería perfecto, pero el humano tiene libre albedrío (que no es lo mismo que el ser humano sea malo por naturaleza), y es libre, tiene el derecho de cometer errores, algunos gravísimos. Pero es libre, del mismo modo que nosotros y millones de personas más somos libres de poder aprender de los errores, de buscar el mejor camino a seguir, de divagar en nuestras propias ideas y mezclarlas con las de los demás (los vivos y los muertos), y de este modo encontrar un buen camino a seguir, descubrir la felicidad, el amor, la paz, la justicia… y un sin fin de valores que la tierra entera ama, pero que curiosamente siempre escasean.

Y tal vez no es descubrir el camino a dichos valores. Tal vez es recordar el camino a seguir.

Un saludo Igor.

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